Intanto me ne torno a casa con il sorriso sulle labbra e con una carta d'identità nuova di zecca dove mi si attribuisce la professione, e mio parere, più inteessante di tutte e questo basta, per ora, a rendermi felice.
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Después de un año con la identificación caducada, dando por echo que las autoridades mexicanas en una
eventual revisión no habrían entendido lo que significa "valido fino", decidi que era el momento de ponerme en regla con estas cuestione burocráticas y tener una credencial en regla para no dar vueltas en México con mi visa o con el pasaporte dado que tenía esta identificación con una foto probablemente con una edad estimada de 20 años. Escogi un día estratégico para ir a las oficinas del registro poblacional, el día anterior a la Navidad, cuando todo mundo esta ocupado en otra cosa y un horario ni tan cercano a la hora de apertura (cuando la oficina esta llena de viejitos), ni tan cerca a la hora de cierre (cuando confluyen muchos trabajadores y los nini). Mis cálculos resultaron correctos y como entré me dirigí sin ninguna cola a la ventanilla, descubriendo que había la misma empleada que 6 años antes me había echo el trámite. Me midió con sus ojos escondidos detrás de un armazón espeso y declaró que era plausible que medía 1.64, y que mi cabello ya no era castaño claro, sino castaño solamente. Dejé de lado decir que en la vieja identificación tenía el cabello pintado, y que mi cabello siempre estuvo del mismo del color, pero al parecer en este tipo de credenciales cuenta más la apariencia que lo que está detrás. Luego me preguntó a que me dedicaba para ponerlo en la identificación, y yo le contesté con orgullo "antropóloga", la empleada me miró y me dijo "ah, como Piero Angela" (un científico italiano que tiene un programa de divulgación muy famoso en Italia), y buscó en la computadora esta profesión para insertarla en mi identificación. Obviamente en el computer del registro poblacional de una pequeña ciudad, la profesión "antropólogo" no existía, y por un momento la empleada me estaba convenciendo de poner "socióloga" o "periodista", pero pensé que nunca en mi vida fui socióloga y que eran más de tres años que no hacía nada como periodista, así que insistí para que pusiera "antropóloga". Después de una búsqueda en el sitio de la secretaría de no sé que, añadió entre la lista de profesiones posibles de Senigallia también la del antropólogo, y pudo imprimir mi credencial en la cual, por concesión burocrática pasé de ser "estudiante universitaria" a "antropóloga", con mi grande felicidad. Así me fui completamente satisfecha, aunque entre mí estaba pensando en varias cosas, primero que nada en el echo de ser la primera persona que se registrara como "antropóloga" en mi ciudad, obviamente sabía que no era ni la primera ni la última, pero me puse a pensar que habían puesto los otros antropólogos de la ciudad, a lo mejor fueron convencidos a poner "sociólogo" o alguna otra profesión más convencional. Luego pensé que a finales de cuenta en esta temporada hubiera tenido que decir que era desempleada. Finalmente, pensé que poner "antropóloga" representaba también un acto de presunción porque en los últimos años había trabajado a la merced del capitalismo, haciendo investigaciones que sí tenían a que ver con métodos y técnicas antropológicas, pero que respondían a los intereses de algún político o a multinacionales, nada a que ver con la idea romántica que se tiene del antropólogo que vivía años en un país desconocido para captar la cultura y los usos y costumbres de su gente ...
Mientras tanto regreso a mi casa con la sonrisa en los labios y una identificación nuevísima donde se me atribuye la profesión, a mi decir, más interesante de todo, y esto es suficiente para hacerme feliz.
eventual revisión no habrían entendido lo que significa "valido fino", decidi que era el momento de ponerme en regla con estas cuestione burocráticas y tener una credencial en regla para no dar vueltas en México con mi visa o con el pasaporte dado que tenía esta identificación con una foto probablemente con una edad estimada de 20 años. Escogi un día estratégico para ir a las oficinas del registro poblacional, el día anterior a la Navidad, cuando todo mundo esta ocupado en otra cosa y un horario ni tan cercano a la hora de apertura (cuando la oficina esta llena de viejitos), ni tan cerca a la hora de cierre (cuando confluyen muchos trabajadores y los nini). Mis cálculos resultaron correctos y como entré me dirigí sin ninguna cola a la ventanilla, descubriendo que había la misma empleada que 6 años antes me había echo el trámite. Me midió con sus ojos escondidos detrás de un armazón espeso y declaró que era plausible que medía 1.64, y que mi cabello ya no era castaño claro, sino castaño solamente. Dejé de lado decir que en la vieja identificación tenía el cabello pintado, y que mi cabello siempre estuvo del mismo del color, pero al parecer en este tipo de credenciales cuenta más la apariencia que lo que está detrás. Luego me preguntó a que me dedicaba para ponerlo en la identificación, y yo le contesté con orgullo "antropóloga", la empleada me miró y me dijo "ah, como Piero Angela" (un científico italiano que tiene un programa de divulgación muy famoso en Italia), y buscó en la computadora esta profesión para insertarla en mi identificación. Obviamente en el computer del registro poblacional de una pequeña ciudad, la profesión "antropólogo" no existía, y por un momento la empleada me estaba convenciendo de poner "socióloga" o "periodista", pero pensé que nunca en mi vida fui socióloga y que eran más de tres años que no hacía nada como periodista, así que insistí para que pusiera "antropóloga". Después de una búsqueda en el sitio de la secretaría de no sé que, añadió entre la lista de profesiones posibles de Senigallia también la del antropólogo, y pudo imprimir mi credencial en la cual, por concesión burocrática pasé de ser "estudiante universitaria" a "antropóloga", con mi grande felicidad. Así me fui completamente satisfecha, aunque entre mí estaba pensando en varias cosas, primero que nada en el echo de ser la primera persona que se registrara como "antropóloga" en mi ciudad, obviamente sabía que no era ni la primera ni la última, pero me puse a pensar que habían puesto los otros antropólogos de la ciudad, a lo mejor fueron convencidos a poner "sociólogo" o alguna otra profesión más convencional. Luego pensé que a finales de cuenta en esta temporada hubiera tenido que decir que era desempleada. Finalmente, pensé que poner "antropóloga" representaba también un acto de presunción porque en los últimos años había trabajado a la merced del capitalismo, haciendo investigaciones que sí tenían a que ver con métodos y técnicas antropológicas, pero que respondían a los intereses de algún político o a multinacionales, nada a que ver con la idea romántica que se tiene del antropólogo que vivía años en un país desconocido para captar la cultura y los usos y costumbres de su gente ...
Mientras tanto regreso a mi casa con la sonrisa en los labios y una identificación nuevísima donde se me atribuye la profesión, a mi decir, más interesante de todo, y esto es suficiente para hacerme feliz.


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