Tutte le volte
che torno a casa dopo un anno di assenza, arrivo e mi trovo davanti un
riassunto delle puntate precedenti, cioé di quello che é successo nell’anno che
mi son persa. Una macchina nuova dei miei genitori, un paio di capelli bianchi
in piú, qualche cugina che sforna nipotini e via dicendo. Quest’anno con mia
sorpresa, arrivata in casa dei miei nonni, ho dovuto registrare la presenza di
un nuovo componente della famiglia, la badante.
Come buona antropologa mi sono sempre interessata ai cambiamenti sociali,
e alle nuove migrazione, ma non mi era mai capitato di avere un incontro
ravvicinato di questo tipo, e sotto allo stesso tetto per giunta! Ovviamente
dopo la sopresa iniziale mi sono sentita un pó sciocca, pensando che altre
amiche avevano una badante in casa da piú di tre anni, e che io con il mio
stupore ero solo una novella.
Cosí ho cercato
di capirci un pó di piú sulla questione “badanti”. Prima di tutto ho cercato di
darle una forma: donna, biondissima, con gli occhi di ghiaccio, su una quarantina
d’anni, con un accento fortemente tedesco (perché ovviamente non abbiamo
interiorizzato gli accenti di Polonia, Estonia, o Russia). La “mia badante”
risponde in pieno a questo stereotipo. Poi ho cercato un pó di informazioni tra
parenti e amici, e piú andavo in giro e piú mi uscivano fuori storie
interessanti sulle badanti di Senigallia. Mio padre racconta che in primavera
il nuovo giardinetto in cima al corso si riempe di badanti, che lasciati i loro
anziani in balía di se stessi, e godono del sole primaverito con la libera
uscita della giornata. Ovviamente ci sono storie un pó piu turbolente su
badanti che si sono rubate mariti, o che dopo una seduzione, si sono fregate
tutto, comprese bottiglie d’olio e pacchi di detergente. In generale ho
scoperto che le badanti sono ghiotte del nostro olio, e che nel momento della
rottura l’olio é il souvenir
privilegiato per portare in patria. Con le badanti non vale il detto che se
trovi una badante trovi un tesoro, perché in realtá se trovi una badante trovi
molti tesori, visto che dietro a una, si nascondono altre cento dietro di lei,
con una solidarietá nel passarsi contatti di lavoro
senza precedenti.
Normalmente stanno nello stesso posto un paio d’anni, e poi si spostano a dove
il lavoro le chiama. La “mia badante” conosce piú posti d’Italia che io,
comprese isole. Hanno famigliari sparsi per tutta Europa, e nella loro gioventú
hanno svolto dei lavori improbabili ... la “mia badante” era coinvolta in un
commercio tra Turchia, Albania e Russia che non si é capito di cos’era. Normalmente
sono persone che parlano al meno tre lingue, nel “mio caso” polacco, russo,
italiano e tedesco, e che non si tirano indietro nel fare un viaggio di due
giorni in un camioncino tutto sgangherato per tornare a casa loro.
In generale sono
abbastanza riservate, anche se quella che é toccata a noi sembra piú che altro
la versione polacca di mia zia, e potrebbe fare un interrogatorio a un muro se
fosse necessario.
Quello che é
certo é che non é un lavoro che invidio, non é male stare dietro a persone
anziane, quello che non é bello é avere a che fare con la morte, e cambiar vita
radicalmente ogni tot di anni perché qualcuno ha tirato le cuoia.
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Cada vez que vuelvo a casa después de un año de ausencia, llegando
me encuentro con una especie
de resumen de los capítulos anteriores, de lo que
ha pasado en el año que me he perdido. Un nuevo coche de mis padres, un par de
cabellos blancos más, alguna prima que saca algún nieto y así. Este año, para
mi sorpresa, llegando a casa de mis abuelos, tuve que registrar la presencia de
un nuevo miembro de la familia, la “badante” (cuidadora de ancianos en español).
Como buena antropóloga, siempre me interesaron los cambios sociales y las nuevas
migraciones, pero nunca había tenido un encuentro tan cercano con éste, y además
bajo el mismo techo! Obviamente, después de la sorpresa inicial, me sentí un
poco tonta, pensando que otras amigas tenían una badante en casa desde más de
tres años, y que yo con mi estupor era sólo una ingenua.
Así que traté de entender un poco más sobre la cuestión
"badanti". En primer lugar traté de darle una forma: mujer, rubia,
con ojos de hielo, de unos cuarenta años, con un fuerte acento alemán (porque
obviamente en Italia no tenemos interiorizado los acentos de Polonia, Estonia o
Rusia). "Mi badante" contesta plenamente a este estereotipo. Luego recolecté
un poco de información de familiares y amigos, y más buscaba alrededor y más
salían historias interesantes sobre los cuidadores de Senigallia. Mi padre me
contó que en primavera, el jardincito en la parte superior de la avenida
principal de la ciudad se llenaba de badanti, que al mediodía dejaban a sus
ancianitos a sí mismos, e iban a disfrutar del sol primaveral con su hora de
salida diaria. Obviamente me encontré también con historias un poco más
turbulentas, con badanti que han robado maridos, o que después de una
seducción, se han fugado con todo, incluyendo botellas de aceite y garrafones
de detergente. En general, descubrí que las badanti son ávidas de nuestro
aceite, y en el momento de romper una relación el aceite es el souvenir favorito para llevar en patria.
Con le badanti no vale el dicho de que si encuentras una badante encuentras un
tesoro (el dicho original en italiano dice que quien encuentra a un amigo
encuentra a un tesoro), porque en realidad si encuentras a una badante puedes
encontrar muchos tesoros, porque detrás de una se ocultan otra por ciento más,
con una solidaridad de pasar contactos de trabajo que no se encuentra en
ninguna otra parte. Normalmente se quedan en el mismo lugar para un par de
años, y luego se mudan a donde el trabajo las llame. "Mi badante" conoce
más lugares de Italia que yo, incluyendo las islas. Tienen familias repartidas
por toda Europa, y en su juventud han hecho trabajos raros ... "mi badante"
estuvo involucrada en un comercio entre Turquía, Albania y Rusia, de algo que
no se entendió muy bien. Normalmente son personas que hablan al
menos tres
idiomas, en “mi caso” el polaco, ruso, italiano y alemán, y que no se hechas
para atrás cuando se trata de viajar dos días en una camioneta toda vieja con
todo de regresar a su casa.
En general son bastante reservadas, aunque la que nos tocó
parece más que nada la versión polaca de mi tía, y podría hacer un
interrogatorio a una pared si fuera necesario.
Lo que es seguro es que no es un trabajo que envidio, no hay
nada de malo en cuidar a un anciano, lo que no es bueno es tener que lidiar con
la muerte a cada rato, y para cambiar vida radicalmente cada pocos años porque
alguien ha estirado la pata.




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