lunes, 26 de enero de 2015

Il paese delle badanti / El país de las “badanti”

Tutte le volte che torno a casa dopo un anno di assenza, arrivo e mi trovo davanti un riassunto delle puntate precedenti, cioé di quello che é successo nell’anno che mi son persa. Una macchina nuova dei miei genitori, un paio di capelli bianchi in piú, qualche cugina che sforna nipotini e via dicendo. Quest’anno con mia sorpresa, arrivata in casa dei miei nonni, ho dovuto registrare la presenza di un nuovo componente della famiglia, la badante.  Come buona antropologa mi sono sempre interessata ai cambiamenti sociali, e alle nuove migrazione, ma non mi era mai capitato di avere un incontro ravvicinato di questo tipo, e sotto allo stesso tetto per giunta! Ovviamente dopo la sopresa iniziale mi sono sentita un pó sciocca, pensando che altre amiche avevano una badante in casa da piú di tre anni, e che io con il mio stupore ero solo una novella.
Cosí ho cercato di capirci un pó di piú sulla questione “badanti”. Prima di tutto ho cercato di darle una forma: donna, biondissima, con gli occhi di ghiaccio, su una quarantina d’anni, con un accento fortemente tedesco (perché ovviamente non abbiamo interiorizzato gli accenti di Polonia, Estonia, o Russia). La “mia badante” risponde in pieno a questo stereotipo. Poi ho cercato un pó di informazioni tra parenti e amici, e piú andavo in giro e piú mi uscivano fuori storie interessanti sulle badanti di Senigallia. Mio padre racconta che in primavera il nuovo giardinetto in cima al corso si riempe di badanti, che lasciati i loro anziani in balía di se stessi, e godono del sole primaverito con la libera uscita della giornata. Ovviamente ci sono storie un pó piu turbolente su badanti che si sono rubate mariti, o che dopo una seduzione, si sono fregate tutto, comprese bottiglie d’olio e pacchi di detergente. In generale ho scoperto che le badanti sono ghiotte del nostro olio, e che nel momento della rottura l’olio é il souvenir privilegiato per portare in patria. Con le badanti non vale il detto che se trovi una badante trovi un tesoro, perché in realtá se trovi una badante trovi molti tesori, visto che dietro a una, si nascondono altre cento dietro di lei, con una solidarietá nel passarsi contatti di lavoro
senza precedenti. Normalmente stanno nello stesso posto un paio d’anni, e poi si spostano a dove il lavoro le chiama. La “mia badante” conosce piú posti d’Italia che io, comprese isole. Hanno famigliari sparsi per tutta Europa, e nella loro gioventú hanno svolto dei lavori improbabili ... la “mia badante” era coinvolta in un commercio tra Turchia, Albania e Russia che non si é capito di cos’era. Normalmente sono persone che parlano al meno tre lingue, nel “mio caso” polacco, russo, italiano e tedesco, e che non si tirano indietro nel fare un viaggio di due giorni in un camioncino tutto sgangherato per tornare a casa loro.
In generale sono abbastanza riservate, anche se quella che é toccata a noi sembra piú che altro la versione polacca di mia zia, e potrebbe fare un interrogatorio a un muro se fosse necessario.
Quello che é certo é che non é un lavoro che invidio, non é male stare dietro a persone anziane, quello che non é bello é avere a che fare con la morte, e cambiar vita radicalmente ogni tot di anni perché qualcuno ha tirato le cuoia.

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Cada vez que vuelvo a casa después de un año de ausencia, llegando me encuentro con una especie
de resumen de los capítulos anteriores, de lo que ha pasado en el año que me he perdido. Un nuevo coche de mis padres, un par de cabellos blancos más, alguna prima que saca algún nieto y así. Este año, para mi sorpresa, llegando a casa de mis abuelos, tuve que registrar la presencia de un nuevo miembro de la familia, la “badante” (cuidadora de ancianos en español). Como buena antropóloga, siempre me interesaron los cambios sociales y las nuevas migraciones, pero nunca había tenido un encuentro tan cercano con éste, y además bajo el mismo techo! Obviamente, después de la sorpresa inicial, me sentí un poco tonta, pensando que otras amigas tenían una badante en casa desde más de tres años, y que yo con mi estupor era sólo una ingenua.
Así que traté de entender un poco más sobre la cuestión "badanti". En primer lugar traté de darle una forma: mujer, rubia, con ojos de hielo, de unos cuarenta años, con un fuerte acento alemán (porque obviamente en Italia no tenemos interiorizado los acentos de Polonia, Estonia o Rusia). "Mi badante" contesta plenamente a este estereotipo. Luego recolecté un poco de información de familiares y amigos, y más buscaba alrededor y más salían historias interesantes sobre los cuidadores de Senigallia. Mi padre me contó que en primavera, el jardincito en la parte superior de la avenida principal de la ciudad se llenaba de badanti, que al mediodía dejaban a sus ancianitos a sí mismos, e iban a disfrutar del sol primaveral con su hora de salida diaria. Obviamente me encontré también con historias un poco más turbulentas, con badanti que han robado maridos, o que después de una seducción, se han fugado con todo, incluyendo botellas de aceite y garrafones de detergente. En general, descubrí que las badanti son ávidas de nuestro aceite, y en el momento de romper una relación el aceite es el souvenir favorito para llevar en patria. Con le badanti no vale el dicho de que si encuentras una badante encuentras un tesoro (el dicho original en italiano dice que quien encuentra a un amigo encuentra a un tesoro), porque en realidad si encuentras a una badante puedes encontrar muchos tesoros, porque detrás de una se ocultan otra por ciento más, con una solidaridad de pasar contactos de trabajo que no se encuentra en ninguna otra parte. Normalmente se quedan en el mismo lugar para un par de años, y luego se mudan a donde el trabajo las llame. "Mi badante" conoce más lugares de Italia que yo, incluyendo las islas. Tienen familias repartidas por toda Europa, y en su juventud han hecho trabajos raros ... "mi badante" estuvo involucrada en un comercio entre Turquía, Albania y Rusia, de algo que no se entendió muy bien. Normalmente son personas que hablan al
menos tres idiomas, en “mi caso” el polaco, ruso, italiano y alemán, y que no se hechas para atrás cuando se trata de viajar dos días en una camioneta toda vieja con todo de regresar a su casa.
En general son bastante reservadas, aunque la que nos tocó parece más que nada la versión polaca de mi tía, y podría hacer un interrogatorio a una pared si fuera necesario.

Lo que es seguro es que no es un trabajo que envidio, no hay nada de malo en cuidar a un anciano, lo que no es bueno es tener que lidiar con la muerte a cada rato, y para cambiar vida radicalmente cada pocos años porque alguien ha estirado la pata.

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